29 de enero de 2010

Honduras: Quítate tú p'a ponerme yo

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Honduras: Quítate tú p'a ponerme yo

Ángel Guerra Cabrera

ALAI AMLATINA, 28/01/2010.- En Honduras simplemente tomó posesión del
gobierno un golpista en sustitución de otro. El cuartico está igualito
en cuanto a las estructuras de poder que intentó cambiar con reformas
moderadas el presidente Manuel Zelaya. Sigue el mangoneo de Estados
Unidos y la oligarquía sobre el destino de la economía y la política,
continúan los mismos jefes militares y policíacos millonarios, asesinos
y violadores de los derechos humanos, los mismos fiscales y magistrados
cómplices y apologistas del golpe, los mismos diputados dóciles a los
dueños del país, aunque algunos nombres cambien. Siguen en pie las
mismas instituciones y el personal político que gestaron el golpe, han
mantenido a una mayoría marginada por siglos, fueron las organizadoras
del espurio proceso electoral e invistieron a espaldas del pueblo al
nuevo encargado de despachar en la Casa de Gobierno. No importa si se
llama Roberto o Porfirio el empleado de la oligarquía designado para esa
función, lo sustantivo es que continúa incólume la dictadura colectiva
de aquella como ha escrito en la página web Alai el activista Ricardo
Salgado, del Frente Popular de Resistencia (FPR), anteriormente Frente
Nacional de Resistencia contra el Golpe. Esa dictadura oligárquica es
propietaria de los medios de difusión que ponen en sus manos un arma
estratégica de despolitización y embrutecimiento de las clases medias
bajas y de los pobres, sobre todo a través de la tele.

El flamante “presidente” Porfirio Lobo no podría haber llegado siquiera
a candidato sin la bendición del grupito de familias oligárquicas
usufructuarias de las riquezas del país y, por supuesto, del alto mando
del ejército, quienes previamente, claro, habrían “escuchado” la opinión
de su dilecto amigo, el embajador de Estados Unidos quienquiera que
fuese. En este caso se trata del bushista de origen cubano, allegado a
la mafia de Miami y arquitecto del golpe, Hugo Llorens, con un
voluminoso expediente en tareas de “seguridad nacional”. Eso sí, lo que
no tiene Lobo es apoyo popular ni por ahora reconocimiento
internacional. En las dos Américas sólo Estados Unidos, Perú, Colombia,
Panamá y Costa Rica aceptaron la validez del proceso en que resultó
“electo” aunque está en marcha una operación de lavado de imagen
patrocinada por Washington y la internacional derechista con el
propósito de extender al espurio “borrón y cuenta nueva” y “aquí no ha
pasado nada”. Al final se ve venir paulatinamente el reconocimiento del
nuevo régimen por un buen número de gobiernos europeos, latinoamericanos
y asiáticos excepto el pequeño grupo que mantiene una política exterior
de principios.

Hacia allí apuntaba el acuerdo logrado en República Dominicana entre
Lobo y el presidente Leonel Fernández mediante el que aquel se
comprometió a extender al presidente Manuel Zelaya el salvoconducto para
salir del país sin ser apresado por los esbirros de la oligarquía así
como a un inventario de buenos deseos en cuanto al respeto de las
libertades y los derechos humanos, demagógicas promesas de
reconciliación y de gobierno de “unidad nacional”. A ello añade la
farisaica amnistía general por la que aboga, que mete en el mismo saco a
los golpistas más connotados y represores del pueblo y a los defensores
de la democracia y los derechos humanos. Ya se conoció el cínico
sobreseimiento por la Corte Suprema de la causa abierta a los miembros
de la cúpula castrense por expulsar a Zelaya del país.

Aunque en esencia las estructuras de poder continúen intactas, es
evidente que se ha creado una situación nueva en cuanto a la imagen del
régimen tanto en el plano interno como internacional. Mientras
Micheletti se proyectaba como matón, Lobo intenta presentarse como
persuasivo, dialogante y busca crear un equipo menos excluyente, lo que
hace más difícil su desenmascaramiento ante el pueblo. La oligarquía se
asustó mucho con la pujante y valiente movilización popular posterior al
golpe y puede ensayar fórmulas para cooptar o intimidar a los elementos
populares menos combativos y formados políticamente. Incluso puede
tratar de arrebatar banderas al movimiento popular. La resistencia no
debe confiarse pero tampoco subestimarse: ha logrado un admirable
acumulado cultural y político entre las masas populares que le puede
permitir batallar, avanzar y finalmente triunfar en las condiciones más
difíciles para lograr la anhelada convocatoria de los pueblos a la
Asamblea Constituyente y la refundación del país.


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