19 de abril de 2010

Derechos de la Naturaleza: globales pero también locales

Derechos de la Naturaleza: globales pero también locales

Eduardo Gudynas

ALAI AMLATINA, 18/04/2010.- Es necesario un cambio radical en la forma
de valorar el ambiente que nos rodea y a los recursos naturales que
alberga la Naturaleza. La persistente crisis ecológica no es sólo el
resultado de fallas técnicas o incapacidades en el monitoreo ambiental,
sino que sus raíces profundas se encuentran en valorar a todo lo que nos
rodea según su utilidad o rentabilidad.

Por lo tanto, la discusión sobre los derechos de la Naturaleza, tal como
se propone en el encuentro de Cochabamba (Bolivia), es un paso adelante
hacia una postura ética que reconoce los valores propios en el ambiente,
independientes de su beneficio o utilidad para las personas. Si bien
esto puede parecer muy sencillo, en realidad implica un cambio radical
en cómo se asignan los valores, con implicaciones que van desde la
economía a las prácticas políticas.

Los derechos de la Naturaleza se expresan en múltiples escalas. Es tanto
un asunto global, tal como se observa en el énfasis del encuentro de
Cochabamba sobre cambio climático, pero también tiene implicancias y
urgencias a nivel continental, nacional y local.

Sin embargo, en los últimos tiempos, la insistencia en los cambios del
clima planetario ha servido de excusa para dejar de lado esas otras
escalas. No recibe toda la atención que merecen los evidentes problemas
ambientales a escala continental. Entre ellos, en América del Sur, el
avance de la deforestación en las zonas andino amazónicas está cambiando
la dinámica climática regional, y parecería que es uno de los factores
que explican los cambios en el régimen de lluvias en la vertiente
atlántica del Cono Sur.

Tampoco deben olvidarse los problemas ambientales a escala nacional y
local. No es posible desatender serios impactos como la deforestación,
el incremento vertiginoso en el uso de agrotóxicos o las serias
limitaciones en manejar los residuos urbanos.

De esta manera, cada escala está estrechamente enlazada con las otras, y
en todas ellas está presente la problemática de la ética ambiental. El
utilitarismo que está detrás de la deforestación o la expansión de los
monocultivos, tienen clarísimos efectos locales, pero también son las
principales fuentes de emisión de gases con efecto invernadero desde
América del Sur. Por lo tanto, si en Cochabamba se va a discutir el
cambio climático global en serio, el debate también debe abarcar a
nuestros propios países, nuestra propia Madre Tierra. La ética ambiental
global va de la mano con una local, y se deben discutir asuntos como el
manejo de los suelos, la pérdida de bosques o el papel de las
agroexportaciones. Una nueva mirada a los derechos del ambiente
planetario no puede generarse desde una ceguera ecológica local.

A ese nivel, los grupos ciudadanos siguen siendo los mejores y más
atentos vigilantes de la situación en el ambiente que les rodea. Ellos
detectan las contradicciones ecológicas, y permiten crear los necesarios
puentes entre las escalas local y nacional, con la planetaria. Un
ejemplo de esos vínculos está en la insistencia del Consejo de Ayllus y
Markas del Qullasuyu (CONAMAQ) de Bolivia, quienes juntos a otras
organizaciones ciudadanas, buscan debatir en Cochabamba asuntos como los
impactos de la minería, las prospecciones petroleras o los planes de
construir represas hidroeléctricas en la Amazonia. En esos y otros casos
está en juego la construcción de los derechos de la Naturaleza.

Abandonar la vieja ética de la apropiación y el uso, para incorporar una
mirada ambiental, no es fácil para muchas corrientes políticas y allí se
generan muchas resistencias. Eso explica que sea más sencillo enarbolar
un discurso ambiental a escala global, pero no se logra aplicar ese
espíritu a escala nacional y local. Las insistencia de la sociedad
civil, como los planteos de organizaciones indígenas como CONAMAQ de
Bolivia o CONAIE de Ecuador, obliga a reconectar la problemática
ambienta local con la global.

Pero las resistencias son tales, que el presidente Evo Morales frente a
esas demandas optaba por advertir sobre la “utilización” de los
indígenas a manos del capitalismo global, hasta que finalmente su
gobierno decidió excluir los temas nacionales de los debates en
Cochabamba. Afirmar que ese tipo de organizaciones y otros grupos
ciudadanos estén al favor de un capitalismo depredador o sean partícipes
de algún tipo de complot internacional, es insostenible. La propia
historia de lucha de esas organizaciones deja en claro que sus objetivos
son otros.

Aún más, en esta fase del cambio político bajo gobiernos progresistas,
está claro que las demandas ambientales deben ser respondidas con
argumentos y medidas efectivas, y no simplemente con slogans mientras
persiste la destrucción del ambiente. El resultado es contraproducente,
ya que como no aparecen argumentos convincentes para mantener las
estrategias extractivistas del pasado ni fructifican otros ensayos más
allá de ellas, parecería que se termina dándole la razón a los sectores
conservadores que insisten en decir que la izquierda gobernante
realmente carece de una propuesta de desarrollo diferente a la de
generar múltiples programas de asistencia y bonos sociales.

También parecería que es más sencillo cuestionar los impactos
ambientales de las políticas mineras o petroleras en el Perú de Alan
García o bajo el gobierno de Alvaro Uribe en Colombia, pero se hace más
difícil debatirlas en el caso de Evo Morales, Lula da Silva en Brasil o
Rafael Correa en Ecuador. No faltan quienes sostienen que a los
ambientalistas nada les conforma, criticando a todos, y no reconocer los
cambios sustanciales generados desde el progresismo. Muchos de esos
cambios políticos son reales, y no son pocos los que se lograron con el
concurso efectivo del ambientalismo como parte de los movimientos
sociales volcados al cambio. Pero la advertencia ecológica, y en
especial las implicancias de reconocer los derechos de la Naturaleza,
van más allá de los programas de gobierno, ya que son más profundas en
tanto apuntan a un estilo de desarrollo que defiende valoraciones
antropocéntricas y utilitaristas.

La ética de la Naturaleza ataca las raíces del imaginario del progreso
material, y esa crítica verde desata muchas resistencias. En ese punto
es oportuno apelar a parafrasear un conocido manifiesto, señalando que
el fantasma de la crisis ecológica recorre el mundo, donde la
radicalidad de los derechos de la Naturaleza es de tal envergadura que
los creyentes en los viejos estilos de desarrollo se están uniendo para
acosarlo, sean presidentes de la antigua política o líderes de nuevos
gobiernos. Hay muchos ejemplos donde unos y otros atacan al
ambientalismo, calificándolo unas veces de ser demasiado radical, otras
veces de ser conservador, allí lo tildan de utópico, aquí lo denuncian
como una barrera al progreso.

Esto deja en claro que la discusión sobre los derechos de la Naturaleza
implica desafíos mucho más profundos de lo que usualmente se acepta,
involucrando una redefinición de la justicia social para ampliarla al
campo ambiental, apuntando a un desarrollo postextractivista bajo nuevas
prácticas políticas.

En este debate no se pueden acallar las voces de las organizaciones
ciudadanas. Específicamente en el caso del encuentro en Cochabamba,
cualquier discusión real sobre los derechos de la Naturaleza no sólo
debe profundizar su enfoque planetario, sino que también debe nutrirse
de las alertas locales, ya que desde ellas se también se genera una
nueva ciudadanía ecológica. Esos y otros debates desatarán
incomodidades, y no hay que temerles, ya que el alumbramiento de una
nueva ética pasa por romper con viejas ideologías que están
profundamente arraigadas en todos nosotros.

Los derechos de la Naturaleza implican un cambio radical sobre los
estilos de desarrollo, tanto en sus escalas globales como locales.
Ignorar una de esas escalas hace imposible no sólo abordar a las otras,
sino que imposibilita una verdadera transformación de nuestra relación
con la Naturaleza.

Eduardo Gudynas es analista de información en CLAES (Centro Latino
Americano de Ecología Social) – www.ambiental.net


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