"...Hoy es un día en que el único abogado que tenía la legitimidad, la
autoridad moral y el derecho para estar notificandose en esta sala de la
sentencia en el caso del Coronel Plazas Vega fue Eduardo Umaña Mendoza,
que fue el que trabajo todas las pruebas, hizo las investigaciones, reunió
a los familiares e hizo las denuncias para que este caso por fin se
conociera. EDUARDO UMAÑA MENDOZA, fue asesinado en su oficina 18 de abril
2010, dos meses antes de que se iniciaran las diligencias de exhumación
de los cadaveres en el cementerio del sur...", Jorge Molano (abogado de
parte civil)
Sentencias de muerte
PARA LOS Y LAS FAMILIARES DE L@S DESAPARECID@S DEL PALACIO DE JUSTICIA
Por: Camilo Umaña
Nacimiento y muerte son determinantes. Significan uno y otro extremo,
delimitación. Las arenillas que se mesen en los relojes.
Poco después de nacido un algo conmocionó el ambiente que me rodeaba. Yo
no sabía sino de madre y padre, pero se hablaba de un Palacio, de la pobre
gente, de guerra y de muerte y de balas y de una serie de cosas que en
cierta medida me hubiera gustado nunca entender, haber proseguido en la
ternura indefinidamente, infinito.
Cuando se es pequeño poco importan las profesiones, porque se quiere
saltar, gritar, reír, llorar, correr; no importa el dinero porque importan
las paletas y los patines; no importan los museos sino esos sitios
gloriosos donde hay árboles, y cucarrones, y columpios, y los siempre
apreciados amigos de ocasión.
Siempre veía a mi padre grandote, con corbatas desencajadas, oliendo a
cigarrillo como una chimenea deambulante. Me enteré entre los bordes de mi
nobel vista que mi padre cargaba un maletín rojo de cuero con un cierre
duro dorado porque allí tenía historias e injusticias y que en su barba
que picaba cuando lo saludaba de beso yacía el impulso, las palabras, la
dicción de su justicia, su quehacer.
Sabía muy poco de personas, porque el universo del niño se compone de
figuras más íntimas, De personajes más que de personas. Entre esos
figurantes uno está al tanto de la palabra familia: hay viejitos y se
llaman abuelos, hay jóvenes y se llaman primos, hay cálidos y se llaman
tíos.
El problema de los nombres siempre se me dificultó: la palabra familia se
amplió en un abanico gigantesco, se plurificó en la sala misma de mi casa.
“Doctor, En la portería está la familia guarín”, “Llegaron los rodríguez,
José Eduardo”… Había que preparar tinto, tener agua a la mano, pañuelos
desechables y un abrigo invisible de sonrisas y abrazos.
Entre esas familias que no eran la propia siendo la mía, había una
presencia mística, siempre lo noté: de niño se es extraordinariamente
lúcido y sensible.
Se escuchaban los ecos en sus pasos, se veían en las flores siemprevivas
de los homenajes sus rostros, se gustaban en sus lágrimas, se acariciaban
en sus sombras: desaparecidos me explicaban.
Sabiendo tan poco de la vida, me contaban que los desaparecidos eran seres
que estaban sin estar. Yo recuerdo que pensaba en los seres mágicos
(dragones, gnomos, sirenas, magos…) que veía en mi cotidianeidad de juego
(y que nunca me han abandonado), y los fui asimilando y trayendo a mi
conocimiento, paulatino, como una llovizna suave que en un trueno arrecia.
Esa presencia mística, poco a poco me llevó a entender la inmensa
oportunidad que significaba llegar a casa y poder abrazar a mi papá y a mi
mamá; paso a paso fui comprendiendo que el amor y la vida son inasibles,
vaporosos, cuestión de instante, pero que se sienten fuertes cuando
abrazas y vigorosos cuando besas, abundantes cuando recuerdas y generosos
cuando carcajeas, son la única experiencia que me llevaré de este mundo de
muerte que injustamente arrebata y arrebata.
En medio de todo eso crecía en mí un adulto que no pude refrenar y que hoy
en día se escapa en el golpe de vista del espejo. Supe que mi padre era
amenazado, que lo hostigaban. Supe que caía muerto por balas asesinas.
Supe que las familias que eran la mía corrieron despavoridas, como yo
mismo lo hice, unos con unos, otros con otros. Supe de miedo, de huída, de
dolor, desesperanza.
Les digo, cada vez encajo más categorías en mi pensamiento, pero al
parecer cada vez comprendo menos, no entiendo porqué muchos de ustedes no
pudieron tener la oportunidad de continuar, porqué el aprendizaje ha sido
tan violento, porqué el sufrimiento se ha extendido con tal facilidad,
porqué la esperanza no ahoga el olvido, porqué yo mismo no tuve la
oportunidad.
Hoy quería hacer este alto para comunicarme desde la distancia de este
escrito y contarles que me acuerdo de ustedes, de sus rostros, de sus
angustias, hoy quería recordar lo que saben, que mi padre los llevó en el
corazón y en el alma, que hoy es un día de coraje, que hoy hay una
presencia más juntos con los suyos: el mío.
HOY: MÁS VALE MORIR POR ALGO QUE VIVIR POR NADA.
29 de agosto de 2010
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